Páginas

The story

Estas dos historias no son mías, las encontré por casualidad por facebook y me han encantado. Así que he decidido publicarlas para que todas podáis disfrutar de estas fantásticas novelas tanto como yo. No se quien las ha escrito pero son maravillosa. Espero que os gusten.


Gracias por leer.

miércoles, 29 de junio de 2016

Adicto a Ti - Capítulo 29


Capítulo 29


No podía creer lo que María me estaba diciendo. Carlos no pudo haber hecho una estupidez como esa.

—Sí, ya tenemos una parejita formada, ¿no son lindos? —me preguntó ella.
—Tengo que hablar con Carlos, estoy completamente seguro de que tú me estas mintiendo.
—No, no te estoy mintiendo, ¿Por qué lo haría?
—Porque eres… una…
— ¿Una que tonto? Yo no soy nada, y si no me crees llámalo y verás que tengo razón.
— ¡Eso mismo haré!
— ¡Perfecto! ¡Adiós!
— ¡Adiós! ¡Y no llegues muy tarde! —le seguí gritando
— ¡Está bien! ¡Cuídate! —utilizó el mismo tono que yo.


Colgó el teléfono y no pude evitar reír. María siempre encontraba la forma de hacerme reír, hasta en el momento menos pensado.


Como dije que iba a hacerlo, llamé a Carlos lo llené de preguntas. Al final, lo que mi loca prima dijo era verdad. Uno de mis mejores amigos estaba de novio.


¿Entienden eso? ¡DE NOVIO! Y es más, de novio con un angelito diabólico. Pobre de él, el mini infierno que lo espera.


Al día siguiente me levanté con tiempo de sobra para ducharme. El maldito lunes ya había llegado, y con él un nuevo comienzo de semana.


Salí de mi departamento y me estaba por prender un cigarrillo. Pero me detuve al recordarla.


—No vuelvan a fumar sin antes haber desayunado…


Como si ella estuviera por ahí, guardé el cigarrillo en la caja y me subí a mi moto para llegar al purgatorio, o sea a la Universidad. Divisé a mis amigos y me acerqué a ellos.


— ¿Cómo están? —les pregunté.
—Mejor que tú —dijo Blas.
— ¿Por qué? —dije sin entender.
—Por tu cara —me dijo Carlos —Tienes cara de estar muy perturbado…
—No, estoy bien. No tengo nada —dije.


Aunque ellos tenían razón, ayer había estado demasiado preocupado y pensando demasiado en Abril. Tal vez yo no me sentía tan así, pero mi rostro demostraba lo contrario.


Divisamos como dos chicas llegaban a las risas. Eran Emma y María. Los ojos de Carlos se iluminaron y su cara de idiota apareció de inmediato. La diminuta chica de anteojos y ojos verdes se sonrojo un poco al verlo. ¡Oh dios santo, esto era demasiado cursi!


Carlos se acercó a ella y la besó cortamente en los labios.


—Buen día bonita —la saludó.
—Buenos días bonito —le dijo dulce.
— ¿Ya dejaron la cursilería? —les pregunté. María rió divertida.
—Te mata la envidia —me dijo mi prima.
—Sí, no sabes, estoy muriendo —dije irónico.


Todos rieron y comenzamos a caminar para entrar. Miré para mis costados y me faltaba Abril. Me faltaba ella…


Llegamos al salón. Emma se fue para su clase avanzada y nosotros cuatro entramos. Nos acomodamos y luego de unos minutos el profesor entró. El profesor de estadística era el hombre más sucio y ordinario que alguna vez yo haya visto en mi vida. De verdad era repugnante. La clase comenzó y traté de concentrar mi atención en otra cosa. No estaba Abril para molestarla, así que me quedaba María para hacerlo. Pero no era lo mismo molestar a mi prima, que molestar a Abril.


La puerta del salón se abrió y dirigí mi vista hacia allí. Una radiante Abril entró con una sonrisa de oreja a oreja. Tenía un aura muy distinta al de los otros días. Parecía estar relajada y en completa armonía. Se veía realmente hermosa…


—Tarde señorita Brooks —le dijo el profesor.
—Lo siento —se disculpó ella —Aquí tiene mi permiso por la llegada tarde.


Le tendió el papel y caminó hasta tomar asiento al lado de María. Mi prima le dijo algo y ella asintió. Esperé a que se girara a verme, pero no lo hizo.


¿Qué diablos le sucede? ¿Qué fue lo que hice para que ni siquiera me dedicara una mirada?


La clase pasó lenta para mí. El comportamiento de Abril me tenía más que confundido.


El timbré sonó y todos salimos. No dejé de seguir con la mirada a Abbril, hablaba efusivamente con mi prima. Me alejé de mis amigos y caminé hasta ellas dos.


— ¿Qué hacen? —les pregunté.
— ¿Sabes? Me llaman en la dirección, luego te sigo contando María —dijo sin mirarme.


Comenzó a caminar alejándose de nosotros.


— ¿Me puedes decir qué demonios le pasa? —le dije a mi prima.
—No lo sé —dijo y quiso caminar para alejarse de mí, pero la detuve.
—Sí lo sabes, y vas a decírmelo —le dije mirándola amenazadoramente.
— ¿Sabes donde puedes meterte tu mirada asesina, verdad? —preguntó y empujó mi brazo para pasar.
— ¡Ya vas a querer mi habitación! ¡Ya vas a llorar por ella! ¡Y yo no te la voy a dar! —le dije elevando mi voz, ya que se estaba alejando.


Giré para ir al jardín y fumar un cigarrillo, pero detuve mis pasos al verlo allí mirándome con una sonrisa cínica.


—Te soltaron, Gango —le dije.
—No podían tenerme ahí siempre, Fernández —dijo. Reí por lo bajo y lo miré con diversión.
— ¿Te gusto la cárcel? Es un lugar muy parecido a ti —dije.
—Sí, puede ser —afirmó y caminó un poco más hacia mí —Ya se la verdad de todo Fernández, ¿y sabes? No estoy enojado, ni nada de eso. Es más quería pedirte perdón…
— ¿Perdón? ¿Por qué?
—Y por cómo me comporte, yo no quería herir tus sentimientos —dijo con sonrisa irónica. Estaba logrando sacarme de nuevo —Yo actué así porque pensé que tenías algo con Abril…
—Y sí lo tengo —le dije.
—Ya quisieras —me dijo divertido. Se acercó más y apoyó una de sus manos en mi hombro. Lo miré despectivamente —Conozco perfectamente a Abril, de los pies a la cabeza. Conozco su forma de ser, su forma de pensar… Y sé que todo lo que dijo en el juicio fue solo para sacarte de allí. Y lo entiendo, ella haría cualquier cosa por un AMIGO.
—Pues no le parezco muy amigo cuando nos revolcamos —dije despreocupado.
—Abril no se acuesta con cualquiera, y mucho menos con tipos como tú. Que tienen más nombres de mujeres en una cama, que un propio motel de mala muerte.
—Ella parece disfrutarlo bastante…
—Como digas Fernández, ya entendí como es la cosa. Tú estás loco por ella, ella ni te registra y por eso estas un poco ‘extraño’ últimamente.
—Si no quieres terminar peor que la última vez, mejor cállate —le advertí.


Se alejó de mí y puso sus manos en el aire. 


—Tranquilo, tranquilo. Yo no quiero pelea, solo quería aclararte que ya no hace falta que sigas esforzándote por mostrar algo que no sucede…
—Está bien, puede ser que aún no me la haya llevado a la cama. Pero ¿Quién te ha dicho que no lo voy a hacer? Falta menos de lo que imaginas para que eso suceda —dije muy seguro de aquello.


Me miró con ojos venenosos. Él sabía que yo estaba hablando muy en serio.


—Eso lo veremos.
—Sí, sí lo verás. Cuando ella haya sido mía, vendré a refregártelo en la cara. Tal vez nos grabe, para que veas cómo lo goza.
—Infeliz… —murmuró.
—Tranquilo Gango, no quiero pelear contigo. Solo quiero que dejes de esforzarte para ser un imbécil, te sale muy bien por si solo.
— ¿Pasa algo amigo? —me preguntó Blas apareciendo detrás de Gango. Del otro lado aparecido Carlos.
—No, nada muchachos. Solo intercambiamos opiniones con Álvaro, ¿no es así? —le pregunté.


Me miró fijo y luego se fue sin decir nada.


— ¿Qué quería? —preguntó Carlos.
—Nada, es solo un pobre idiota —le dije despreocupado.


Las horas comenzaron a pasar y la actitud de Abril parecía empeorar, ahora no solo no me miraba, ni siquiera me hablaba. Yo de verdad creo que ella quiere acabar conmigo y luego anotarlo como una victoria realizada en su vida.


En esas horas que pasaron mi humor había empeorado, ni siquiera yo mismo podía aguantarme. Mis amigos se acercaron a mí y gruñí frustrado.


— Uuuh, ¿Qué sucede Dani? —preguntó Blas.
—No molesten —les advertí, mientras terminaba mi cigarrillo y tiraba la colilla con fuerza.
—Ya sé lo que te tiene así —dijo Carlos y apoyó una de sus manos sobre mi hombro. 


Lo miré de reojo, como advirtiéndole que no se pasara de listo —Has perdido tu talento, ¿verdad?


Lo miré realmente sorprendido, como se nota que estos dos me conocen.


— ¿Cómo supiste? —dije mientras seguíamos caminando.
—Ni siquiera tu padre logra ponerte de ese humor, cuando no tienes tus nochecitas—me aclaró el castaño.
—Lo que Carlos dice tiene sentido —habló Blas — Dani, tú definitivamente eres un ninfomaníaco.
—Eres un sexo-dependiente —agregó Carlos.
—No puedes estar mucho tiempo sin ello… te vuelves completamente loco.
— ¡Es que no puedo entenderlo! —Bramé nervioso — ¡No puedo con ninguna! ¡No me producen nada! ¡Estoy con ellas y… y no… no puedo!
—Pues claro —dijo Carlos soltando un suspiro —Tantos años de desenfreno tenían que cobrar su factura. 


Fruncí el ceño ante su tonta teoría.


—Apenas tengo 18 años —dije y volví mi vista al frente. 


Los tres nos dirigíamos a otro día de clases. Las malditas clases, en la maldita Universidad.


— ¿Y hace cuanto no pasas más de un mes sin acostarte con nadie? —me preguntó Blas. Lo miré extrañado y me puse a pensar.
—No… nunca —dije. Los miré consecutivamente —¿Debería ver a un medico?
—Me parece amigo que tu carrera ha llegado a su fin. Debiste pensar un poco antes de usarla tanto —aseguró Blas.
—Claro no debemos ser pesimistas, estamos en el siglo XXI. Existen los tratamientos y diversas cosas para solucionarlo —me alarmó más mi buen amigo castaño.
—Ya Carlos, lo estamos asustando. Mira su cara —le dijo Blas divertido —Amigo lo que a ti te pasa es simple y tan claro como el agua.
— ¿Qué es? —le pregunté esperanzado de que me diera una respuesta.
—Necesitas un psicólogo —sentenciaron los dos al unísono.


Mi mirada se distrajo por su diminuta figura caminando descaradamente al salón.


—No, no —aseguré y ambos miraron lo que yo miraba —Lo que yo necesito acaba de entrar a ese salón, y me está volviendo completamente loco.


Ambos se miraron entre si y entramos. La divisé sentada al lado de María. Mi prima me miró y me sonrió, mientras que ella seguía con sin siquiera dirigirme la mirada.


¡No consigo entender que pasó con ella! Ayer estaba todo bien, se quedó a cuidarme… éramos muy felices. Y ahora no somos nada. No dejé de mirarla en ni un solo segundo. Ella parecía no notarlo, pero estoy completamente seguro de que si lo notaba. 


Ella estaba muy consciente de que yo la estaba mirando, tiene ese sexto sentido que tiene todas las mujeres. Pero aun así no es capaz de mirarme. ¡No es capaz!


Y yo ya no puedo tolerar su indiferencia, su desprecio y su… forma de ser. Todo lo que me sucede es culpa de ella, absolutamente todo. Yo no puedo acostarme con ninguna otra, porque estoy completamente seguro de que ella me ha tirado algún embrujo o algo parecido…


¡Oh, Dani! ¡Escucha lo que estás diciendo! ¿Embrujo? ¿Qué idiotez es esa? Lo único que necesito es acostarme con Abril Brooks, sacarme las malditas ganas que le tengo y volver a ser el mismo de antes. Solo eso. Simplemente eso… Todas las tonterías y cursilerías que me dijo Susan el otro día eran totalmente incoherentes y sin sentido.


Yo solo necesito eso con ella y asunto arreglado. Primero tengo que arreglar las cosas, pedirle perdón y volver a tomar confianza. Entablar una especie de… ‘amistad’ para luego llevármela a la cama. Pero maldita sea, ¿Cuánto tiempo va a llevarme eso?


— ¡Dani! —me llamó Blas sacándome de mis pensamientos. Me giré a verlo.
— ¿Qué? —le dije.
— Ya terminó la clase —afirmó mi amigo.
— ¿Cómo? —dije y me puse de pie.


Ya nadie estaba en ese salón.


—No —dijo Carlos mirándome con cara de preocupación —De verdad ya me estas asustando.
—Bueno, no importa —les dije —Pero vamos, salgamos de este maldito lugar.


El resto del día se me pasó lento y pesado. La indiferencia de Abril cada vez me hacía sentir un poco más impotente.




Hola!!!!

Aquí me tenéis con un nuevo capítulo, espero que os guste-

Por favor comentar, no me gustan los lectores fantasmas porque no si realmente está gustando. Aún así gracias por leer.

Besos, María.


No hay comentarios:

Publicar un comentario